la librería

Bibliografía comentada

Educación Primaria y Negociación del Poder

Silvia M. Warham

la trama

Editorial GEDISA, Barcelona, España, 2002.

La autora, de origen británico y especialista en educación, basa su libro en las observaciones de clases, grabadas en videos y posteriormente analizadas, entre profesores y alumnos de los primeros grados.
Si bien Warham no define explícitamente qué entiende por poder a lo largo de sus 155 páginas, comprendidas en 10 capítulos, se puede inferir que lo relaciona directamente con la comunicación y lo que se obtiene de ella. Desde este concepto, implícito, que la negociación es una comunicación orientada hacia la obtención de un objetivo, muestra la importancia de detentar el poder de la cada situación a partir de la posibilidad de dirigir las conversaciones, en este caso puntual dentro del contexto educativo. Así es que, la observación y el análisis de las interacciones entre todos los actores de la comunidad educativa ( alumnos, profesores, padres, directivos de educación) pueden ser considerados los ejes temáticos del libro.

“La enseñanza y el aprendizaje sólo pueden tener lugar con la cooperación del profesor y el alumno. En este sentido son una negociación, porque el proceso requiere del consentimiento tanto del primero como del segundo: pero ¿qué es lo que realmente negocian? [ ] creo que profesores y alumnos negocian una relación de poder. El poder que yo observaba era simplemente el que se genera entre dos o más personas cuando se comunican mutuamente.”

Los tres primeros capítulos muestran cómo los profesores asumen identidades diferentes con sus alumnos, más allá de sus propias modalidades; por ejemplo una “identidad dominante” está expresada por estrategias de poder dominantes, como ser: tono de voz ascendente para no ser interrumpidos, lenguaje ritual y acciones rutinarias que impidan la participación. Otros profesores toman una “ identidad menos dominantes” y buscan el poder consensuado, a partir de mantener el diálogo, fijar normas claras, confiar en la capacidad de sus alumnos y respetar lo que aportan, estimularlos, así también como reprimir los propios impulsos de dirigir y controlar el debate. Nombra una tercera modalidad que la llama de “identidad ambigua”, que es la de establecer distintos modos de comunicación según las características de los niños, con algunos será más directivo y con otros más suave y persuasivo.
Tanto la comunicación como la negociación comprenden la interacción, por ello los alumnos a su vez tienen capacidad para generar sus propias estrategias de poder y también limitar y dirigir el accionar de sus profesores. Los niveles de cooperación entre profesores y alumnos pueden variar y cuando son bajos pueden complicarle al profesor la tarea de su enseñar.
En el otro capítulo se analiza la incidencia de los medios en la comunicación a partir de un programa de radio para niños pequeños y se concluye que se produce un fracaso en el aprendizaje como tal, por la falta de la interacción presencial necesaria entre el niño y el adulto para el proceso “el propio lenguaje no es el lenguaje vivo, dinámico y espontáneo que emplean los profesores de los pasajes anteriores. Al contrario, el de este programa, es afectado y artificial”. Se resalta en esta observación la importancia de las cualidades que distinguen el accionar de los profesores y de la diferencia que existe entre enseñar e instruir.

El capítulo sexto expone las conversaciones entre profesores y concluye sobre la necesidad de un código verbal común para lograr la comunicación y también para poder influir en sus colegas y mantener así su credibilidad como tales, que no es más que detentar el poder en su área de gestión.

La siguiente conversación, Sylvia Warham, la ubica con relación a los padres de los alumnos, cuando muestra el éxito de una profesora en este aspecto dice “no adoptó una postura muy dominante ni les dijo a los padres qué esperaba la escuela de ellos, sino que habló de las necesidades de los niños y dejó que los padres imaginaran qué les pedía. Al utilizar unas estrategias de poder menos dominantes fue una buena líder. Las cosas le salieron bien porque negoció con tacto las relaciones de poder.”

La última parte del libro está dedicada a las influencias que un contexto más amplio de poder tiene en el trabajo diario de aula. Intenta ilustrar cómo otros grupos de poder pueden estructurar, limitar y facilitar lo que los profesores hacen como grupo profesional y como individuos en sus clases.

A lo largo de la lectura, que abunda en ejemplos de interacciones generadas en el contexto educativo, lo que aparece como línea directriz es la necesidad de los profesores de construir liderazgo tanto en el aula como en su propia comunidad. Para esto, al finalizar cada capítulo hay un apartado de “Sugerencias para los profesores”, con el fin de hacerlos reflexionar sobre sus modos de comunicar, ubicarlos en complejo contexto de poder donde trabajan y ayudarlos a descubrir los recursos que poseen para hacer frente al desafío continuo de enseñar y de aprender

Lic. Ana María Amidolare - Psicóloga y mediadora