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número 82 / noviembre 2025
Enfoques y acciones de mediación
Lecciones al pie del conflicto social
César Rojas Ríos y Alejandro Nató
Biodata


Resumen
Este ensayo aborda la complejidad del conflicto social. El primer problema, su inaprensibilidad inmediata, no se hace inteligible de manera espontánea y directa. El segundo, la problematicidad de los enfoques, saber calibrar sus pros y contras, y su pertinencia in situ. El tercero, su exigencia cognitiva, el conflicto pide más y no menos saber. El cuarto, la importancia tanto del tratamiento de las causas como de la gestión del propio conflicto. El quinto, la incertidumbre permanente y a veces creciente del conflicto. Y el sexto, la vectorización, es decir, los actores sociales persiguen sus demandas como valiosas y positivas. Em las páginas que siguen estos seis problemas son abordados y reflexionados a profundidad.
Texto
"Hemos dicho que alguna oposición es esencial porque da como resultado crecimiento y progreso. Todo progreso tiene origen en la oposición, en aquellos insatisfechos con el statu quo. En esa gente con ideas y formas diferentes quienes generan la necesaria tensión que lleva a soluciones creativas y nuevas posibilidades; son las mismísimas bases del progreso". (Herb Cohen, “Todo es negociable”)
El estudio del conflicto es apasionante. El fenómeno nos absorbe por completo y las lecturas sobre el tema se convierten en una verdadera adicción: una vez que probamos esa fruta del árbol del conocimiento, nuestro apetito se torna insaciable. Nada nos detiene; todo nos invita a continuar. Lo que sigue son algunas reflexiones propias de tanto martillar a golpes de conflicto. Sobre lo visto (que es mucho) y pensado (que siempre es poco), sobre lo hecho, errado, actuado y aprendido. Asimilado a base de pre-ocupaciones sobre ese fenómeno humano que está al inicio de la historia humana y probablemente sea un ingrediente de su final (Jeong, 2008: 3).
Primera reflexión
El conflicto, a diferencia de otros fenómenos sociales (la burocracia, la movilidad social, la propia estructura social), no se muestra de una sola vez. Lo suyo se parece más al erotismo que a la pornografía: en cada puesta en escena, el conflicto se sugiere velado y caprichoso. Produce lo que denominamos como “el efecto jaboncillo”: creemos que lo tenemos entre las manos, pero una vez que apretamos para exprimirlo, se nos escapa y termina nuestra explicación como la prospectiva, hecha añicos por los suelos. La razón: cada conflicto cuenta con su clave interpretativa porque tiene personalidad propia. Si bien no se trata de "reinventar la rueda para cada nueva situación" (Harris, Reilly y Zovatto, 2001: 2), pues existe un marco teórico más o menos consolidado —no andamos a tientas ni en pañales—, inevitable resulta reconocer que cada conflicto tiene su especificidad y que muchas veces parecemos operar al borde del conocimiento. Y, si entendemos bien y en profundidad ese conflicto, podremos obrar bien y a cabalidad sobre ese conflicto. Unos dan luces sobre otros; pero debemos entender a cada uno desde el fondo de su corazón. Nadie lo dijo mejor que Augsburger: "Todo conflicto humano es, en cierto sentido, como todos los otros, como algunos otros, y como ningún otro" (cit. Nató et.al., 2006: 75).
Segunda reflexión
La lucidez sobre los enfoques nos dice no solo que cada enfoque condiciona la forma de mirar y privilegiar/descartar variables, sino que condiciona la manera de encararlo. Si el conflicto se observa bajo la luz de un desarreglo de gobernabilidad, inferimos por dónde puede ir la solución: quien dice falta de gobierno en el fondo está reclamando mano dura; pues si el gobierno representa el orden y el conflicto se presenta como desorden, en consecuencia, el conflicto no es bueno porque produce desgobierno.
¡Mucho peor si analizamos bajo el lente de "Estados fallidos"! Un Estado que falla y les falla a todos pide que otros intervengan en su reparación.
Y por ese resquicio teórico termina por meterse la intervención extranjera, con cascos azules o sin ellos, pero armada hasta los dientes para solucionar desde fuera lo que solo se puede reparar desde dentro (Irak y Afganistán son las pruebas de lo afirmado). ¿Quién falla entonces? O pensar que porque tenemos en la mano un Sistema de Alerta Temprana (SAT), tenemos resuelto el problema. El sistema alerta, pero nada más. Luego queda un gran trecho por pensar y hacer. Si te anuncian tormenta, el anuncio no te libra de la tormenta; ahí más bien empieza el plan de contingencia. En fin, si piensas el conflicto como un mal, acabarás tratando a los conflictivos como malvados o delincuentes. Por tanto, si damos un traspié en el enfoque terminaremos dándonos de bruces con la intervención.
Tercera reflexión
El conflicto te ayuda a realizar indagaciones cada vez más exigentes. Más severo es, más omni-abarcantes las lecturas. Partes por entender el conflicto y de ahí empiezan sucesivos saltos de vallas por los movimientos sociales, la democracia, la teoría del Estado, las clases sociales, la política, la interculturalidad. Y así suman y siguen hasta llegar a la historia, la economía y la filosofía. La historia, para encontrar patrones recurrentes, señuelos de viejas resoluciones —similares— de conflictos y proyectos históricos fracasados/acertados. O, como escribe Sartori, para no caer en la trampa de ideales que terminan volviéndose contra nosotros, de paraísos que se materializan en infiernos (1988 I: 15). Pero, sobre todo, para comprender la manera que tiene un pueblo de aprender de sus callejones sin salida como de las experiencias traumáticas y, si acaso cabe, de la obstinada capacidad que demuestra para no dar el paso en falso hacia el abismo. La economía, porque la disputa por la riqueza, así como el ansia de escapar de la escasez y la privación, se encuentran en el núcleo de muchos conflictos. Y, la filosofía, para ahondar en el alma de ese ser fantástico llamado hombre, por lo imaginativo y utópico, y la tensión perenne entre lo que es y lo que pretende o debería ser, generada por su impronta ética. Del conglomerado de todos estos lentes y sus distintas gradaciones está hecho el microscopio o telescopio, según sea el caso, con el que tratamos de observar el conflicto, ajustando y reajustando permanentemente, ensayando y desechando hipótesis, enriqueciendo las más relevantes, y sabiendo que jamás daremos con la bala de plata que ponga fin a la novedad que representa cada conflicto en su andadura. Está visto: no nadará lejos quien no esté dispuesto a bucear hacia lo hondo y bracear a lo largo y ancho del golfo.
Cuarta reflexión
Desatado el conflicto, tan importante (o más) que el tratamiento de las causas es la gestión del conflicto. Si el camino está sembrado de errores, la cosecha será explosiva. Hay quienes no trabajan el terreno (con sensibilidad y conocimiento), sino que lo convierten en un campo minado. ¿Por qué es tan importante su gestión? Uno puede recibir el conflicto en un estado y devolverlo en mal estado. En otros términos: arrancar con "demandas divisibles" y terminar con "demandas no-divisibles". ¿Qué ha sucedido? En el camino el conflicto cambió de cualidad, por tanto, transformó sus demandas. Pasó de una actitud negociadora a una actitud de confrontación y maximalista. En principio era lograr algo o parte de las demandas; luego se convirtió en un juego de todo/nada. El conflicto de la mesa de negociación pasó a convertirse en algo muy parecido a la guerra. Los contendientes se atrincheran porque dieron de baja la confianza y la comunicación, y si no se cuenta con ambas es imposible el diálogo y lo único que resulta posible es la violencia. La confianza es un capital exiguo en el conflicto; si no se quiere llegar al estremecimiento de la crisis, hay que multiplicar ese capital, no minarlo y sepultarlo. ¿Qué sentido tiene lograr un acuerdo con un interlocutor que ya no sentimos como válido porque nada de lo que promete cumple? Mejor vencerlo para imponer las propias condiciones. Un consejo para toda autoridad que gestiona un conflicto: si en un principio el grupo movilizado pedía cien y era factible acordar en cincuenta, pero muchas cosas se hicieron mal en el camino, luego puede acabar pidiendo su cabeza; entonces, así ofrezca cien la gente seguirá pidiendo la cabeza. El estado de ánimo y las emociones correspondientes cambian los medios de lucha y transforman las demandas; por eso, quien juega con los sentimientos de la gente juega con fuego. Y puede terminar en la hoguera.
Quinta reflexión
El conflicto de envergadura produce incertidumbre y cuanto más se propaga la conducta conflictiva más se irradia la incertidumbre. Todo puede entonces terminar entre signos de interrogación. El conflicto, como una onda expansiva, va poniendo en tela de juicio, una tras otra, las actividades institucionales. Las certezas se erosionan y la vista se nubla. Nadie sabe ya nada, o se sabe muy poco sobre cómo pueden desembocar las cosas. Todo paso, en cualquier dirección, está cargado de dudas. El futuro se torna borroso; el piso se vuelve inestable; el desenlace, una incógnita. Nadie confía en nadie, y parece ser así, pues todos y de forma permanente van recalculando los costos/beneficios de sus alineamientos en función del desarrollo del conflicto, o sea, a quién va dando como vencedor, pues muchos quieren ponerse a salvo ante la eventualidad de verse arrastrados por la pendiente de los vencidos. Los amigos de ayer pueden ser los enemigos de hoy y los enemigos de ayer... nutriéndose de nuevos aliados. Los conflictos son como los huracanes: van desde lo ordinario hasta lo catastrófico. Y si va camino a la catástrofe, nadie sabe a ciencia cierta su final y magnitud. El enigma envuelve tanto los caminos que puede seguir como los desenlaces que puede tener. Hasta entonces el conflicto tendrá en vilo a la sociedad, de la que toma su ser y su sangre.
Sexta reflexión
El conflicto es energía, potencia desplegada. Quienes se movilizan persiguen algo mejor para ellos y los suyos (en América Latina, generalmente, ofrecer un futuro más prometedor a sus niños, ¡en cuántos conflictos no estará el rostro de los hijos en el corazón de los miles de marchistas, si acaso no los tienen tomados de las manos encallecidas de tantos inviernos!). Pero lo hacen con decisión y coraje. Han salido de la pasividad y la contemplación, de la resignación y la apatía, de la impotencia y el conformismo. Han decidido tomar sus vidas y destinos en sus propias manos y salir caminando sobre los pilares gigantes de sus pies. El filósofo español Julián Marías decía que los hombres necesitan vivir bajo el árbol frondoso de las ilusiones (2001), y decía bien, porque quienes se movilizan han resuelto no solo vivir bajo ese árbol frondoso, sino convertirlo —a pesar de las estaciones adversas, a pesar del sol negro del infortunio— en frutos maduros. Por eso, cuando se dice conflicto se tiene en frente un pueblo activo. Enérgico. Un verdadero tributo a la vida que no ceja de espolear a los poderosos en la esperanza de algo mejor.
BIBLIOGRAFÍA
- Harris, P., Reilly, B., & Zovatto, D. (2001). Democracia y resolución de conflictos. Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral (IDEA).
- Jeong, H. W. (2008). Understanding Conflict and Conflict Analysis. SAGE Publications.
- Marías, J. (2001). La felicidad humana. Alianza Editorial.
- Nató, A., et al. (2006). Mediación comunitaria: conflictos en el escenario social urbano. Universidad Nacional de Buenos Aires.
- Sartori, G. (1988). Teoría de la democracia (Vol. I). Alianza Editorial.
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