número 83 / mayo 2026

Nuevas miradas en mediación familiar

Divorciómetro. Hacia mejores procesos de divorcio

Lilia Martínez Padilla

Biodata

Lilia Edith Martínez Padilla

Psicóloga, abogada y mediadora certificada, combina su formación en Psicoterapia Psicoanalítica (Univ. Complutense), Maestría en MASC (Escuela del Poder Judicial de Guanajuato) y su trayectoria como consultora y docente. Fundadora de “Punto Medio. El arte de negociar & reparar”, diseña proyectos de cultura de paz y resolución de conflictos. Mediadora y consultora en familias, empresas, organizaciones y escuelas, investigadora en temas de separación y conflictos familiares; autora y tallerista.

Resumen

Tras investigar el aumento del divorcio y el desgaste que generan las separaciones, “El Divorciómetro” presenta un esquema de fases (separación afectiva – post?divorcio) con sus síntomas, reacciones y riesgos, ofreciendo recomendaciones prácticas basadas sobre mecanismos alternos de solución de conflictos para prevenir o reducir los costos de divorcios altamente conflictivos. Es un instrumento que promueve la mediación, la coordinación parental y los procesos restaurativos como vías para preservar vínculos y desplazar la cultura del litigio como primera opción.

Texto

Introducción

Según los indicadores oficiales, el divorcio en México va en aumento (cifras que no consideran las relaciones y rompimientos de quienes están en unión libre). Citando a Muñoz-Eguileta (2009)[1], quien a su vez hace referencia de las palabras de Kelly (2003): “La disolución del matrimonio puede deberse a numerosos factores, como la disminución de la atracción física entre ambos, problemas psicológicos o físicos, los celos, la infidelidad, las luchas de poder, unas expectativas matrimoniales no satisfechas o el afrontamiento inadecuado de los numerosos conflictos que surgen fácilmente en la vida en común”. Finalmente, la decisión de separarse legalmente se toma generalmente después de un largo y doloroso proceso donde el desencuentro, una pobre comunicación, la tristeza o el enfado se convierten en parte habitual del día a día.

En este escenario, las personas pueden estar optando por el divorcio como una manera de poner fin al desgaste y el instalado desencanto de la pareja, así como la vía para vivir una vida diferente. En este sentido, la implicación emocional puede provocar       que el divorcio se lleve a cabo con desesperación y rabia, volviendo las interacciones con ese otro un campo de batalla del que es difícil salir ileso. En este sentido, vale la pena citar las palabras de la mediadora María Teresa Cruz Ábrego (2023), durante su participación en el Foro para la discusión de la Ley General de los MASC: “¿Dónde terminan los procesos de divorcio litigioso luego del tiempo, los costos y las ofensas? Terminan en la terapia para los padres y para los hijos por toda la afectación que vivieron”.

De lo anterior, el “Divorciómetro” pretende ser un recurso para visibilizar de manera gráfica los sucesos internos y externos que suelen ocurrir a las parejas en su proceso de separación y divorcio, así como los riesgos de un mal proceso. Además, es un esquema que expone alternativas para gestionar divorcios responsables, que cuiden el sistema familiar y los vínculos y reduzca costos en todos los sentidos.

 

Antecedentes

La idea de diseñar un “Divorciómetro” está basada en el Violentómetro, un material gráfico y didáctico que en forma de regla muestra los niveles de violencia en las relaciones de pareja. Fue desarrollado originalmente por la Unidad Politécnica de Gestión con Perspectiva de Género del Instituto Politécnico Nacional (México), a partir de una investigación que puso en marcha en 2009, con el objeto de conocer la dinámica en las relaciones de pareja que establecían las y los estudiantes de entre 15 y 25 años[2].

El “Violentómetro” ha sido un valioso recurso didáctico a nivel nacional e internacional porque ha permitido que la población en general pueda identificar la escalada de la violencia que puede presentarse en las relaciones interpersonales. Utilizar la regla como metáfora ayuda a medir la intensidad de la violencia, indicando cómo un acto que inicia como supuesta broma puede volverse una situación de verdadero riesgo, como lo es la violencia feminicida.

Para fines del presente trabajo, el “Violentómetro” es un valioso referente, que puede ayudar a las parejas en conflicto o con intención de separación o divorcio a identificar en dónde están situadas, y a detectar indicadores ligados con el duelo, el aspecto emocional, o bien, las prácticas que pueden aligerar o violentar el proceso.

La intención final de proponer un “Divorciómetro” es crear un recurso amigable para toda población en situación de separación o divorcio, acercar los mecanismos alternos como la vía principal para su proceso y, con esto, desarticular la cultura del litigio como primera instancia de resolución.

De lo anterior, el “Divorciómetro” pretende ser un recurso para visibilizar de manera gráfica los sucesos internos y externos que suelen ocurrir a las parejas en su proceso de separación y divorcio, así como los riesgos de un mal proceso. Además, es un esquema que expone alternativas para gestionar divorcios responsables, que cuiden el sistema familiar y los vínculos y reduzca costos en todos los sentidos.

 

El divorcio en cifras e implicaciones

De acuerdo a la publicación de Martínez (2022), el INEGI difundió recientemente los datos relativos a las estadísticas de divorcio durante 2021. En la última década, se dio una aceleración constante, creciendo el indicador en casi un punto por año hasta el año 2019, cuando el dato pareció presentar una leve estabilización, con una muy marcada caída en el 2020, resultado de la dinámica de los hogares durante la pandemia y los proceso legales y judiciales que se vieron interrumpidos[3].

 

López Suárez (2023) señala que, en 2021, ocurrieron 33 divorcios por cada 100 matrimonios, y cita a Melissa García Meráz, quien advierte que los datos del INEGI solamente registran las relaciones formales que realizaron un matrimonio y un rompimiento legal, pero que en nuestro país hay muchas parejas que se separan sin llegar al divorcio formal, estadísticas que no se conocen[4].

En cuanto a las principales causas del divorcio a nivel nacional, está el divorcio incausado (66,2 por ciento), seguido por el mutuo consentimiento con (32,4 por ciento) (INEGI, 2021). Vale la pena señalar que el divorcio incausado ha tenido un efecto estadístico significativo en el número de divorcios porque no necesita de una causa para disolver el vínculo matrimonial y puede ser exigido unilateralmente, lo cual puede ser una ventaja procesal, pero deja la duda de cómo abordan y elaboran las parejas su ruptura, sobre todo la parte que no participó en el trámite.

Siguiendo con datos estadísticos, durante el año 2021, las entidades con las mayores tasas de divorcios por cada 10.000 habitantes de 18 años o más fueron: Campeche (46,6); Sinaloa (40,2) y Coahuila de Zaragoza (37,4). Las menores tasas corresponden a Veracruz (6,4), Oaxaca (8,6) y Puebla (9,1).

El antes referenciado Raúl Martínez subraya lo relevante que es la proporción de divorcios según la duración del matrimonio: en 2021 se observa que aproximadamente el 30 por ciento de los divorcios se reportan en matrimonios de más de 20 años de casados. En segundo lugar, los que tenían una duración de entre uno y cinco años.

Este dato tiene implicaciones importantes para las mujeres. Estadísticamente, en el divorcio de muchos años de casados, dada la trayectoria de las últimas décadas de participación de las mujeres en el mercado laboral, una importante proporción de mujeres, al divorciarse en edades que rondan los 50 años, queda en condición financiera precaria, ya que muchas de ellas interrumpieron su vida profesional para dedicarse a labores no remuneradas en el hogar y a la crianza de los hijos y, consecuentemente, su ahorro para el retiro es prácticamente inexistente.

Respecto a la custodia de los hijos, en el 45,4 por ciento de los divorcios judiciales se le asigno? a alguno de los divorciantes, en el 48,8 por ciento de los casos no se otorgó a ninguno y en el 5,1 fue concedida a ambos divorciantes, mientras el 0,1 por ciento no lo especifico?. Cuando la custodia no se otorga, es debido a que no hay hijos menores o ya no dependen de los padres cuando ocurre el divorcio.

 

En este apartado es importante mencionar que, a partir de la modificación del artículo 282 del Código Civil Federal, las madres ya no tendrán custodia automática de menores de 7 años y, además, se hace cada vez más presente la figura de compensación para el cónyuge que se haya dedicado al trabajo en el hogar (De la Rosa, 2022)[5]. De esta manera, sabemos que las reformas legislativas y las políticas públicas que tratan de responder a la igualdad entre los géneros, en este caso en el entorno familiar, demandarán que las parejas y familias -juntas o separadas- aprendan a hacer acuerdos de convivencia, de crianza compartida y de beneficio mutuo para el crecimiento personal y económico. Acuerdos que pueden ser posibles bajo la lógica de beneficio mutuo que trabajamos en mediación.

Siguiendo con las cifras, en cuanto a la patria potestad de los hijos, en el 44,8 por ciento de los casos fue otorgada a ambos divorciantes y en el 5,7 por ciento a alguno de ellos. Cabe notar que en el 48,8 por ciento de los casos no se otorgo? a ninguno, lo que significa que no hay un acuerdo entre los padres o está pendiente otro proceso[6].

 

En esta línea, si bien el INEGI no especifica la situación de estos “procesos paralelos”, estamos hablando de un porcentaje alto y significativo, sobre todo, si consideramos las cifras existentes de maltrato infantil, así como la cantidad de menores de edad que resultan afectados tanto por la violencia feminicida, como por el crimen organizado que ha permeado en la configuración y dinámica de las familias.

Paralelamente, Wendoline Adame (2021) ha investigado sobre una problemática importante: los ingresos voluntarios por parte de padres de familia que abandonan a sus hijos en casas hogar, muchas veces sin el debido procedimiento legal y evadiendo sus responsabilidades. Esta situación ha rebasado la capacidad de atención y ha derivado en que el gobierno haga un llamado a frenar estas prácticas[7]. Se estima que en México hay más de 400 mil niños en situación de abandono[8].

Para concluir el apartado de las estadísticas de divorcio, es fundamental hablar de la pensión alimenticia. Según los datos del INEGI, en el año 2020 la pensión alimenticia fue asignada a los hijos en el 50,3 por ciento de los casos, y en el 42,5 por ciento de los casos, a ninguno (INEGI, 2021). Ahora, un asunto es que se asigne la pensión y otro es el cumplimiento de la sentencia. Acorde a los datos del INEGI, el 67,5 por ciento de las madres solteras no recibe pensión alimenticia, provocando que 3 de 4 hijos(as) de padres separados no reciban pensión alimenticia.

En el mismo sentido, durante 2022, en 21 estados aumentó la incidencia del delito de incumplimiento de obligaciones de asistencia familiar, y en cuatro de ellos en más del 50 por ciento, como son los casos de Durango, Nayarit, Quintana Roo y Sonora. A nivel nacional, de acuerdo con datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, al cierre del año 2021 se registró un incremento del 31,7 por ciento, al contabilizarse 23.285 carpetas de investigación contra las 17.678 que hubo en 2020[9].

De lo anterior, las iniciativas de los Padrones de Deudores Alimentarios señalan que el aumento de divorcio trae aparejado el incumplimiento de la pensión alimenticia, dejando en incertidumbre el bienestar y el derecho de la alimentación de niños y niñas.

Para concluir este tema, es importante citar el artículo 105 de la Ley General de Niñas, Niños y Adolescentes (2014)[10]:

Quienes ejerzan la patria potestad, tutela o guarda y custodia de niñas, niños y adolescentes, los cuiden y atiendan; deben proteger contra toda forma de abuso; los traten con respeto a su dignidad y orienten, a fin de que conozcan sus derechos, aprendan a defenderlos y a respetar los de las otras personas.

En la misma ley, en el artículo 16, se enuncia el derecho a vivir en paz: Niñas, niños y adolescentes tienen derecho a la paz, a no ser privados de la vida en ninguna circunstancia, ni ser utilizados en conflictos armados o violentos.

Citando a Eric Orson (2018), la realidad es que muchos casos de criminalidad y delincuencia tienen su origen en el interior de las casas. Los datos hablan por sí solos: El 40 por ciento de las personas encarceladas en América Latina y el Caribe son hijos de padres que abusaban del alcohol (39,8 por ciento) o tienen familiares que estuvieron presos (26,8 por ciento). La violencia en casa y la conducta delictiva son dos fenómenos que a menudo van unidos, o bien porque los menores son víctimas de maltratos o porque son testigos de ellos. Por ejemplo, se sabe que la mitad de los casos de violencia doméstica ocurre ante la presencia de hijos menores de 12 años. Quien crece viendo o padeciendo la violencia, en resumidas cuentas, tiene mayor tendencia a replicarla de adulto[11].

Hablando de violencias, es fundamental hacer mención de otra manifestación que sucede en el entorno de las separaciones: la conocida como interferencia, manipulación o alienación parental, formas de maltrato infantil que involucran a los niños y niñas en el conflicto conyugal.

En palabras de Mamadrastra (blog): “Un niño que escucha cómo un progenitor habla mal del otro es un niño maltratado. Un niño que te quita la mano cuando se acerca a la casa de uno de los progenitores por miedo a que le vean dártela es un niño maltratado. Un niño a quien, durante el divorcio, se le pregunta con cuál de los progenitores prefiere estar es un niño maltratado. Un niño al que se le hace partícipe del conflicto entre sus padres es un niño maltratado[12].

En este sentido, vale la pena recordar la definición de lealtad: sentimiento de respeto y fidelidad hacia una persona, compromiso, comunidad, organizaciones, principios morales, entre otros. El término proviene del latín “legalis”, que significa “respeto a la ley”. Lealtad es sinónimo de nobleza, rectitud, honradez, honestidad, entre otros valores morales y éticos que permiten desarrollar fuertes relaciones sociales y/o de amistad en donde se crea un vínculo de confianza muy sólido, y automáticamente se genera respeto en los individuos[13].

De lo anterior, invadir el sentimiento de lealtad de un menor de edad es atacar su derecho a la integridad y a los vínculos amorosos que se inauguran en el seno familiar.

 

Motivos de divorcio

Es difícil establecer las causas de divorcio; sin embargo, a través de la investigación documental y un sondeo de elaboración personal, expondré las diez principales razones.

 

Profundizamos algunas razones:

 

“La ignorancia d?e lo que realmente es un matrimonio”

No hay que olvidar el supuesto de que un matrimonio se lleva a cabo porque dos personas dicen amarse y desean crear un proyecto en compañía. De acuerdo a Domingo Caratozzolo (2007)[14], el enamoramiento es consecuencia de la proyección del yo ideal, producto de un momento de éxtasis, de felicidad, pero que termina siendo violento, pues se desconoce a ese otro como un sujeto con sus características particulares y se le confunde con el ideal proyectado.

Siguiendo con Caratozzolo, me permitiré citar un par de párrafos que me parecen bastante ilustrativos:

Responder a la pregunta ‘¿Qué quieren las mujeres en una relación de una pareja?’. Requieren de un largo listado, la mayoría de ellas manifestaron que desean a su lado a un hombre que les inspire confianza y al que sientan protector, una persona a la que puedan sentir como un compañero para la aventura de vivir; alguien a quien cuidar y aconsejar; una persona que cuide de ellas y les prodigue mimos; un amigo con quien conversar de igual a igual; una amiga para confiar secretos y chismes; una persona a quien consultar los problemas que no puede resolver por sí sola; una hermana que escuche sus pesares; un hombre romántico, buen amante, que sepa seducirlas amorosamente y que conozca el modo de proporcionarles placer sexual; pero que también sepa comprender su falta de deseo; alguien tolerante y servicial con sus suegros y un buen padre para sus hijos.

Y si nos preguntamos ‘¿qué quieren los hombres?’. También de ellos vamos a tener un extenso registro de aspiraciones: una mujer que trabaje y no resulte una carga para el marido transformándolo en el único proveedor; que pueda tener otros intereses de modo que no lo coloque como el único centro de su vida; que ejerza el rol maternal cuando las circunstancias lo requieran; que se ocupe de las cosas atinentes al hogar, que al llegar a su casa lo atienda y le brinde una situación confortable; que se deje mimar cuando ellos estén dispuestos a hacerlo; que comparta su gusto por el trabajo y los deportes, que en lo posible tenga interés en los de él para participar en ellos; y sobre todo, que siempre que él lo solicite esté dispuesta sexualmente y responda con entusiasmo y rápidamente a sus pedidos y fantasías. Si coincidimos en que estas demandas (en la generalidad de los casos) ya sean explícitas o implícitas, conscientes o inconscientes, son propias de hombres y mujeres, debemos convenir en que nuestras expectativas con respecto al otro son ilimitadas o, por lo menos, exageradas. Y que lo seguro (no diría siquiera lo probable) es que resultemos defraudados en nuestros deseosLos miembros de una pareja necesitarán de tiempo y esfuerzo para resignar costumbres, características, normas y hábitos propios para crear un espacio común de encuentro”[15].

Ahora, para saber lo que implica un “espacio común de encuentro”, se tendría que revisar el concepto del amor, sobre todo por ser resultado de la construcción social y del momento histórico. En esta línea, pareciese que actualmente la propuesta del “amor para toda la vida”, incluso el “amor romántico” —por mencionar esquemas tradicionales—, han dejado de ser modelos de referencia, debido a los cambios sociales y a la construcción de nuevos sistemas familiares. Si bien en este trabajo no se pretende determinar el “tipo de amor adecuado”, habrá que entender las diversas y particulares dinámicas amorosas bajo las cuales se formulan y desenvuelven las parejas y familias, pues solo desde ahí podremos comprender desde dónde suceden las fisuras, así como sus posibles remedios.

 

El dinero

Otro gran motivo de conflictos en las parejas y exparejas es el dinero. Una estudiosa del tema es Clara Coria[16], quien señala que hablar del dinero en la pareja es más que una cuestión administrativa. Parafraseándola: hablar del dinero es hablar de lo que muchos saben y pocos dicen; donde los hombres se ofenden y las mujeres se llenan de culpa. Es hablar de lo que se prefiere callar, de lo cotidiano, de la evidencia. Es hablar de poder, así como del amor: ese sentimiento tan complejo, tan añorado cuando falta, tan exaltante cuando nos penetra y tan doloroso cuando lastima.

En realidad, sabemos que el dinero en la pareja es un asunto que tiene que hablarse con todas sus letras y números, porque es un objeto en el que se anidan supuestos, malos entendidos, desigualdades, pero, sobre todo, la no coincidencia de un par de personas que luego de la efervescencia del enamoramiento y la idealización de la vida en pareja, puede encontrar en el dinero un campo minado para su relación. Independientemente de la idea o relación que cada quien tiene con éste, el dinero es un objeto que debe llevarse a los más profundos, claros y cotidianos acuerdos.

 

Otros motivos de ruptura

En los motivos enlistados, producto del sondeo e investigación documental, no encontré algunas razones de ruptura que he identificado en mi ejercicio profesional como psicóloga y mediadora privada de conflictos; motivos que tal vez no se expresan por sentimientos de vergüenza, culpa o ignorancia, pero que en la vida real se vuelven importantes razones de desgaste y ruptura.

 

La llegada de los hijos

De acuerdo a Pérez- Barco (2013), “ya a nadie le sorprende que muchas parejas rompan la relación con la llegada del primer hijo. Después de los matrimonios que no tienen descendencia, las familias con un sólo vástago son las que más se divorcian y separan, como reflejan los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) desde 2005, fecha en la que este organismo comienza a registrar los divorcios y separaciones según el número de hijos. En ese año también se aprobó la ley del divorcio exprés, lo que dio lugar a un «boom» de rupturas como tendencia general en los años siguientes, también entre estas familias, solo frenado por la crisis a partir de 2008. Existe toda una serie de motivos y razones para justificar por qué rompe una pareja cuando llega su primer hijo, pero en el fondo no es el niño quien origina el divorcio, sino la nueva forma en la que se constituye la familia”[17].

La antropóloga Elena Corrochano señala que existen múltiples razones para dar fin a un proyecto de vida en común: “Puede que la madre se vuelque en el hijo y deje la pareja de lado; puede que al padre solo le interese el niño y no la pareja; puede que el padre no asuma el rol de cuidador; puede que no haya nada de corresponsabilidad entre ambos progenitores, se sientan agobiados y se echen en cara algunas cosas; o que tener un hijo no sea lo que ellos buscaban, o incluso puede que el niño no cumpla con las expectativas que tenían”[18]. Por otra parte, existen investigaciones y publicaciones que dan cuenta del arrepentimiento de muchas madres frente a su maternidad —del arrepentimiento de los padres aún no se habla—, pero están los incontables casos en los que no ejercen la paternidad.

Definitivamente, la llegada de un hijo y el efecto que tiene en las parejas, aun cuando se haya decidido y planeado, requiere mayor análisis por su relevancia y complejidad, asunto que rebasa los alcances de este trabajo; sin embargo, se ha mencionado el tema para visibilizarlo como un factor que puede poner en riesgo —o en evidencia— la relación de pareja. Por ello, en el “Divorciómetro” se recomienda también el recurso de Coordinación parental, o bien, todo espacio que ayude a las parejas, padres y madres a reflexionar sobre su parentalidad.

 

Una sociedad cansada y consumista

Otro factor que parece estar afectando de manera generalizada es la dinámica y estilo de vida que se desprende de las descritas en los estudios sociológicos como: “Sociedad del consumo” y “Sociedad del cansancio”.

Respecto a la primera, Caratozzolo señala: “La vida del consumidor es una secuencia interminable de nuevos comienzos y este modelo se ha trasladado a los vínculos… el placer del descubrimiento, el entusiasmo del contacto con lo novedoso se trueca fácilmente en aburrimiento cuando el otro se convierte en un obstáculo para acceder a una experiencia diferente… La propensión al “use y tire” alcanza también las relaciones de pareja”. En torno a la “Sociedad del cansancio”, según Byung-Chul Han (2012), la depresión como enfermedad representativa de la sociedad actual es provocada por la presión por el rendimiento; por ejemplo, el desgaste ocupacional manifiesta 'un alma agotada, quemada'. En realidad, lo que enferma no es el exceso de responsabilidad e iniciativa, sino el imperativo del rendimiento, como nuevo mandato de la sociedad del trabajo tardomoderna[19].

Con lo anterior, es importante decir que, en el contexto actual, las rupturas de pareja pueden provenir de ese cansancio y desgaste que provoca la “rutina productiva”, que bajo el engaño de supuestas aspiraciones, se vuelve una forma de vida que quema y nos aleja como sujetos. Una rutina de familias que cubren dos turnos, desdibujando sus horarios laborales, mal durmiendo por la presión de la hipoteca y el pago de los meses sin intereses, así como la insatisfacción de no tener lo suficiente. Familias con ganas de una casa más grande y mucho dinero para cumplir esos caprichos que supuestamente les vuelven personas felices, claro, con vidas dignamente publicables.

Sin duda, hay múltiples factores que participan en los complejos procesos de separación y divorcio. Estudiar la relación de pareja en procesos de quiebre abre muchos interrogantes y debates, pues implica confrontar la experiencia de pérdida que enfrentan las parejas y familias. Acompañar profesionalmente en estos procesos definitivamente requiere muchas habilidades y conocimientos, pero, sobre todo, la más honesta empatía ante ese duelo de quienes solían amarse y luego están contemplando cómo poco a poco va agonizando ese vínculo y proyecto de vida que un día les fue tan fundamental.

 

El Divorciómetro

Es un esquema que se presenta como anexo, que incluye los siguientes ejes y apartados:

 

  1. Fase: Momentos en el que pudiera encontrarse la pareja.
  2. Señales: Indicadores que dan cuenta de la etapa correspondiente.

A continuación, en el siguiente cuadro se presentan las fases del divorciómetro con sus respectivas señales de la manera como se organizaron en el esquema:

 

Siguiendo con el esquema, la fase 3 incluye las posibles reacciones que las personas en situación de separación o divorcio pueden presentar.

  1. Reacciones: posibles respuestas, emociones, sentimientos o actos irreflexivos que pueden surgir en el proceso de separación.

Pueden ser: decepción, soledad, frustración, ansiedad, desconfianza, negación, miedo, rabia, tristeza, celos, decaimiento, dolor y resignación.

  1. Riesgos: este apartado visibiliza los riesgos (actitudes, acciones, omisiones y prácticas) que convierten una separación en una desgastante y violenta batalla. Algunos de estos riesgos enlistados son los episodios violentos, el incumplimento de obligaciones parentales, embarazos no planeados, iniciar nuevas relaciones de manera impulsiva, así como gestionar trámites de divorcio con rabia y con la intención de someter al otro.
  2. Recomendaciones para un buen divorcio: finalmente, como último apartado, se presentan por etapa diferentes alternativas que pueden ayudar a las parejas o exparejas a un mejor proceso de separación/divorcio.

Evidente e intencionalmente, se presenta a la mediación y los mecanismos alternos como primera vía para resolver la separación y el divorcio.

 

Fase

Sugerencias para un mejor proceso

Separación afectiva

  • Crear espacios seguros de diálogo.
  • Adecuada gestión de necesidades (comunicación efectiva).
  • Terapia individual y de pareja.

Intento de rescate

-    Crear nuevos acuerdos de convivencia y del contrato invisible de la pareja.

Ruptura

  • Asesoría sobre el proceso de mediación.
  • Terapia individual y de pareja.
  • Red de apoyo confiable
  • Procesos restaurativos para reparar el daño que se han hecho (no significa reconciliación).

Separación física

  • Separación terapéutica llevada a cabo en un proceso de mediación (requiere seguimiento por si optan por no concluir la relación).
  • Acuerdos temporales que cuiden la seguridad y el bienestar del sistema familiar.
  • Coordinación parental.
  • En casos de violencia solicitar orden de restricción y si es necesario, refugio temporal.
  • Red de apoyo confiable.

 

Divorcio emocional

  • Buscar un acompañamiento de mediadores(as) o terapeutas especializados en divorcio emocional.
  • Elaborar un convenio con acuerdos que refuerce el vínculo parental.

Trámite de divorcio

  • Procurar un proceso que incluya proceso de mediación o negociaciones pacíficas.
  • Apostar a construir una relación de alianza con la expareja.

Post- divorcio

  • Terapia personal.
  • Procurar una buena crianza compartida.
  • Si hay dificultades con la expareja, retomar el divorcio emocional.
  • Apertura a nuevas negociaciones, buscar el beneficio mutuo.
  • Lograr una alianza.
  • Mantener una comunicación respetuosa.

 

La suma de los diferentes apartados tiene la intención de esquematizar, de la manera más sencilla posible, los escenarios de un proceso de separación y divorcio.

Respecto a la metodología para completar los diferentes ejes, se llevó a cabo a través de la investigación documental de teóricos e investigadores/as que han realizado estudios previos sobre separación, divorcio y duelo, así como estudios comparativos de parejas que resuelven sus asuntos con mediación o con litigio.

Para cerrar este apartado, con fines de complementar o capacitar en la utilización del “Divorciómetro”, se ha creado un glosario con los conceptos incluidos en el esquema.

 

Conclusiones

Como nota final, esta propuesta de “Divorciómetro” es una primera versión de este esquema. Lo importante y esperado es que el “Divorciómetro” se convierta en una herramienta que incida en la reducción de costos y riesgos en las parejas o familias que cruzan una crisis o separación, así como desarticular el litigio como primera instancia para una separación. Para ello, se exponen algunos recursos pacíficos existentes, entre ellos: la mediación, la coordinación parental, los procesos restaurativos y las negociaciones colaborativas; recursos que, sin duda, ayudan a que una pareja pueda llegar a apelar el vínculo respetuoso, incluso el cariño que se tuvo con ese otro que en la separación se ve con extrañeza.

 

 

Divorciómetro (versión abreviada)

 



Divorciómetro

 

Glosario del “Divorciómetro”

 

Acuerdos: Un acuerdo es una decisión tomada entre dos o más personas, asociaciones o entidades, como resultado de un proceso de negociación y deliberación sobre un asunto concreto.

  • La palabra proviene del latín accordare, formado a su vez por la partícula ad o ac, que quiere decir 'asimilación'. La otra partícula latina que conforma el término es cord, que quiere decir 'corazón'[20].

 

Alianza: Pacto o unión entre dos o más partes que persiguen fines comunes.

 

Duelo por divorcio: Proceso que se da por la desvinculación y la separación amorosa. Se vivencia de manera subjetiva, pudiendo llegar a implicar la muerte de la relación, simbolizando comparativamente, la muerte de alguien cercano y significativo. Quienes han visto fracturados sus lazos matrimoniales pierden no solo la presencia relacional de la pareja, sino también sueños en conjunto e individuales, proyectos, ambiciones, etcétera.

 

Espacio de diálogo seguro: 1. Elige momentos para conversar. 2. Mantén una escucha activa. 3. Sean oportunos para intervenir. 4. Evita invalidar las emociones de los demás y comparte las tuyas. 5. Busquen soluciones. 6. Implementen un lenguaje común para mejorar la comunicación en familia. 7. Fomenta la sinceridad y 8. No uses solo palabras, el lenguaje corporal importa[21].

 

Etapas del duelo: Negación, ira, negociación, depresión y aceptación.

 

Conciliación: Proceso por el cual dos o más partes recurren a un tercero neutral para que promueva el diálogo y ayude a las partes encontrar solución a sus controversias.

 

Convenio definitivo: documento utilizado con el objetivo de dar por terminado un matrimonio, presentado ante el Juzgado de lo Familiar según las circunstancias, y que se lleva a cabo para evitar problemas futuros entre las partes.

 

Convenio de acuerdos parciales: convenio que puede incluir acuerdos que se van estableciendo a pesar de que aún no concluyen las negociaciones.

 

Coordinación parental: auxiliar o colaborador del juez con facultades para resolver los conflictos parentales y determinar las nuevas medidas por las que se regirá la familia.

 

Contrato invisible de pareja: son los acuerdos implícitos e íntimos que existen en la pareja y algunas lo realizan por escrito para una mejor convivencia.

 

Crianza positiva: herramienta que ayuda a los padres en el cuidado de sus hijas e hijos, fundamentado en el interés superior de la niñez, donde madres, padres y personas responsables del cuidado aprenden a cuidar, promover y estimular el desarrollo de las capacidades de la niña, niño o adolescente.

 

Denuncia: Notificación que se hace a la autoridad de que se ha cometido un delito o de que alguien es el autor de un delito.

 

Divorcio: Disolución del vínculo matrimonial tras una sentencia judicial.

 

Divorcio emocional: Es el proceso de desvinculación emocional que elimina la confusión a través de la convicción de concluir la relación de pareja. Tiene etapas: Shock/negación, planteamiento de la ruptura/caos, separación, desvinculación emocional, aceptación y recuperación[22].

 

Divorcio social: ajustes que se hacen en torno a las amistades y familiares debido al hecho de ya no ser pareja.

 

Litigio: proceso judicial, en este caso necesario para gestionar o formalizar la disolución de un matrimonio.

 

Mediación: proceso voluntario, flexible y participativo de resolución pacífica de conflictos, en el que dos partes enfrentadas recurren a una tercera persona imparcial, (mediador/a), para llegar a un acuerdo satisfactorio.

 

Negociación: proceso y técnica mediante los cuales dos o más partes construyen un acuerdo.

 

Orden de restricción: también llamada “orden de protección”, es una orden de la corte que puede proteger a alguien contra el maltrato, amenaza, acecho u acoso físico o sexual.

 

Parentalidad: actividades que son realizadas por los padres y madres a la hora de cuidar y educar a sus hijos e hijas.

 

Prácticas negativas en redes: uso inadecuado o exagerado de las redes para perseguir o vigilar a la otra persona, así como para publicar contenidos agresivos o que expongan a los integrantes del sistema familiar.

 

Prácticas positivas en redes: manejo adecuado y responsable de las publicaciones, incluyendo los contenidos ligados con la vida familiar y la protección de la identidad y privacidad de los hijos e hijas.

 

Ruptura: desde esta perspectiva comprendemos la ruptura matrimonial como una crisis para la familia como sistema y para cada uno de sus integrantes, quienes vivencian de manera distinta el dolor de tal pérdida (Weinstein, 2006).

 

Separación afectiva: desvanecimiento del vínculo que se establece entre dos personas a pesar de vivir en el mismo lugar o estableciendo la misma dinámica de vida compartida.

 

Separación física: alejamiento de cuerpos, no significa que las personas se desvinculen emocionalmente.

 

Separación no terapéutica: se da de manera impulsiva, sin intención de reflexionar. Las personas se alejan, desde la frustración, el resentimiento y la influencia de personas ajenas.

 

Separación terapéutica: es un periodo de tiempo que se recomienda a las parejas que no están pudiendo convivir y tienen la intención de mejorar su relación, o bien, tomar en serio un proceso de aprendizaje. Requiere la elaboración de un acuerdo que proteja a las partes y a los hijos/as en caso de haberlos y el compromiso con un proceso terapéutico personal, además del acompañamiento a la pareja.

 

Proceso restaurativo: es un proceso en el cual las dos partes afectadas por un conflicto tratan de encontrar una solución y una reparación del daño, dando cada quien su opinión y, al mismo tiempo, demostrando interés en el asunto.

 

Riesgos: se define como la combinación de la probabilidad de que se produzca un evento y sus consecuencias negativas.

 

Síntomas: indicio o señal de una cosa que está ocurriendo o que va a ocurrir.

 

Vaciamiento: concepto de Clara Coria en el que se suele vivir la pérdida del vínculo amoroso como una situación de quebranto y la sensación de haber quedado en la más absoluta precariedad y a la intemperie ante la ausencia de amor[23].

 

Violencia: uso de la fuerza para conseguir un fin, especialmente para dominar a alguien o imponer algo. Puede ser física, económica, sexual, psicológica e intrafamiliar.

 

Violencia parental: nos referimos aquí a todo acto que atente contra el ejercicio de la parentalidad de los progenitores.

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

 

Lectura complementaria:



[1] Muñoz-Eguileta, Ana. Personas Divorciadas: Análisis de las Características del Proceso de Ruptura. 2009.

[2] Instituto Politécnico Nacional, Violentómetro. Obtenido en https://www.ipn.mx/genero/materiales/violentometro.html

[3] Martínez Solares, Raúl. Divorcios y matrimonio en México. En El Economista, 2022. Obtenido en: https://www.eleconomista.com.mx/opinion/Divorcios-y-matrimonios-en-Mexico-20220928-0088.html

[4] López Suárez, Patricia. En México, los índices de divorcio van en aumento. En Gaceta UNAM. Obtenido en: https://www.gaceta.unam.mx/en-mexico-los-indices-de-divorcio-van-en-aumento

 

[5] De la Rosa, Yared. Tras divorcio, madres ya no tendrán custodia automática de menores de 7 años, aprueban diputados. En Forbes México. Febrero, 2022

[6] INEGI (2021) Estadística de divorcios en México 2021. Comunicado de prensa Núm. 561/22. Obtenido en: https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2022/EstDiv/Divorcios2021.pdf

[7] Adame, Wendoline. En Guanajuato solo 17 de 40 casas hogar están regularizadas. En Milenio. 2021. Obtenido en: https://www.milenio.com/sociedad/guanajuato-17-40-casas-hogar-regularizadas

[8] Fundación Contigo en la esperanza. “Las casas hogares en México necesitan tu ayuda”. 2021. Obtenido en: https://www.esperanzacontigo.org/es/publicacion/58/las-casas-hogar-en-mexico-necesitan-de-tu-ayuda

[9] Gómez, Daniela. Crece en el país impago de pensión alimenticia y tema llega a la Corte. en La Razón. 2022. Obtenido en: https://www.razon.com.mx/mexico/alza-incumplimiento-pension-alimenticia-476646

[11] Orson, Eric. Familia, niños y delincuencia: La violencia como herencia. En Sin Miedos. 2018. Obtenido en:

https://docs.google.com/document/d/1T7VaoMUJqJ4_mToIiAOe5APAcw9UXUAR9HkA9rWtqNo/edit

 

[14] Caratozzolo, Domingo. Vivir en pareja. Entre la pasión, el amor y el desinterés.

[15] Ídem.

[16] Coria, Clara. El dinero en la pareja. Algunas desnudeces sobre el poder. 2010

 

[17] Pérez-Barco, M. Por qué las parejas con un solo hijo figuran entre las que más se divorcian. En ABC. 2013. Obtenido en: https://www.abc.es/familia-parejas/20131122/abci-divorcios-primer-hijo-201311191039.html

[18] Ídem.

[19] Byung-Chul, Han. La sociedad del cansancio. Obtenido en: http://www.scielo.org.bo/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S2077-33232016000200013

 

[20] Significados.com, Obtenido en: https://www.significados.com/acuerdo/

[21] Seppi, Maria 8 claves para generar espacios de diálogo en familia. Obtenido en https://eresmama.com/claves-generar-espacios-comunicacion-familia/

[22] Torres, Gabriela. Divorcio emocional. 2017

[23] Coria, Clara. El amor no es como nos lo contaron… ni como lo inventamos. 2011

 

 

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