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número 84 / junio 2026
Habitar la Universidad
Justicia restaurativa, mediación y políticas de género
Salud mental y convivencia universitaria: aprendizajes y desafíos desde la experiencia del Consejo de Rectoras y Rectores de las Universidades Chilenas (Chile)
Bertha Escobar Alaniz, Rosa María Olave Robert y Valeska Grau Cárdenas
Biodata

Bertha Escobar Alaniz
Psicóloga, magíster en Salud Pública con mención en Salud Mental y profesora asociada de la Universidad Católica de Temuco. Fue decana de la Facultad de Ciencias de la Salud entre 2020 y octubre de 2025, liderando procesos de innovación académica y fortalecimiento institucional. Hasta junio de 2025 presidió la Comisión de Salud Mental y Convivencia Universitaria del CRUCH, impulsando políticas nacionales para el bienestar estudiantil. Su trayectoria integra investigación, gestión universitaria y docencia, con especial énfasis en salud mental, convivencia e innovación educativa

Rosa María Olave Robert
Psicóloga, directora del Programa de Mediación y Resolución de Conflictos y profesora de la Facultad de Derecho de la Universidad Alberto Hurtado. Integra la Comisión de Convivencia Universitaria y Salud Mental del Consejo de Rectoras y Rectores de las Universidades Chilenas (CRUCH). Fue copresidenta de esta comisión hasta junio de 2025, impulsando iniciativas orientadas al bienestar y la convivencia universitaria, así como el fortalecimiento de mecanismos colaborativos para la prevención y gestión de conflictos en la educación superior.

Valeska Grau Cárdenas
Profesora Asociada de la Escuela de Psicología en la Pontificia Universidad Católica de Chile, donde ejerce como Mediadora Estudiantil de la Oficina Ombuds. Es co-presidenta de la Comisión de Convivencia Universitaria y Salud Mental del Consejo de Rectoras y Rectores de las Universidades Chilenas (CRUCH). Psicóloga y Magíster en Psicología Educacional de Pontificia Universidad Católica de Chile y Doctora en Educación de la Universidad de Cambridge en Reino Unido.
Resumen
Este artículo presenta una reflexión sobre los principales aportes del informe “Bienestar Universitario: Claves para la Convivencia y la Salud Mental”, elaborado por la Comisión de Convivencia Universitaria y Salud Mental del Consejo de Rectoras y Rectores de las Universidades Chilenas (CRUCH). A partir de un informe que integra diagnóstico, marcos conceptuales, experiencias institucionales y orientaciones para la acción, se analiza la necesidad de avanzar hacia una comprensión integrada del bienestar universitario, que articule salud mental y convivencia como dimensiones interdependientes de la vida institucional. También, se examinan los principales nudos críticos identificados y se plantean algunos aprendizajes que pueden contribuir al diseño y fortalecimiento de políticas de bienestar en instituciones de educación superior de América Latina.
Texto
I. Introducción
Durante las últimas décadas, las instituciones de educación superior han experimentado profundas transformaciones. La ampliación del acceso, la creciente diversidad de sus comunidades, los cambios en las formas de participación estudiantil, las nuevas demandas sociales y los efectos derivados de la pandemia por COVID-19 han configurado un escenario que plantea nuevos desafíos para las universidades.
En este contexto, la salud mental y la convivencia universitaria han adquirido una relevancia creciente. Si bien ambos temas comenzaron a desarrollarse desde ámbitos distintos, existe actualmente un reconocimiento cada vez mayor respecto de su estrecha relación y de la necesidad de abordarlos de manera articulada. Las dificultades de salud mental no pueden comprenderse únicamente desde una perspectiva individual, así como la convivencia no puede reducirse a la gestión de conflictos o al cumplimiento de protocolos. Ambas se relacionan a la experiencia cotidiana de quienes estudian, trabajan y desarrollan su vida en la universidad.
La preocupación por estos temas no es exclusiva de Chile. Diversos organismos internacionales y numerosas instituciones de educación superior han advertido durante los últimos años el aumento de los problemas de salud mental entre estudiantes universitarios, así como la necesidad de fortalecer comunidades educativas capaces de promover el bienestar, prevenir situaciones de violencia y favorecer ambientes de aprendizaje respetuosos e inclusivos. En este escenario, las universidades han comenzado a revisar sus políticas institucionales y a preguntarse cómo responder a estos desafíos de una manera que trascienda la atención individual de los casos y permita avanzar hacia estrategias de carácter institucional.
En Chile, este proceso dio origen al trabajo desarrollado por la Comisión de Convivencia Universitaria y Salud Mental del Consejo de Rectoras y Rectores de las Universidades Chilenas (CRUCH). A partir de la experiencia compartida por las universidades que integran este organismo, la Comisión elaboró el informe “Bienestar Universitario: Claves para la Convivencia y la Salud Mental”, publicado en el año 2025. El documento reúne antecedentes diagnósticos, propone un marco comprensivo para abordar estas temáticas, sistematiza experiencias desarrolladas por distintas instituciones e identifica desafíos y orientaciones para fortalecer las políticas universitarias.
El propósito de este artículo busca destacar algunos de sus principales aportes y compartir una experiencia que puede resultar de utilidad para otras instituciones de educación superior de América Latina. Aunque los contextos nacionales presentan particularidades, muchas de las preguntas que hoy enfrentan las universidades son compartidas: ¿Cómo promover el bienestar de comunidades cada vez más diversas? ¿Cómo articular las distintas políticas institucionales? ¿Qué papel cumplen la convivencia y la gestión de los conflictos en la salud mental? ¿Qué aprendizajes pueden compartirse entre instituciones que enfrentan desafíos similares?
II. La experiencia de la Comisión y la elaboración del informe
La Comisión de Convivencia Universitaria y Salud Mental fue creada por el Consejo de Rectoras y Rectores de las Universidades Chilenas (CRUCH) en julio de 2022, en un contexto marcado por una creciente preocupación de las instituciones de educación superior respecto del bienestar de sus comunidades y por la necesidad de fortalecer las respuestas institucionales frente a los desafíos emergentes en materia de salud mental y convivencia.
Desde sus inicios, la Comisión se constituyó como un espacio de colaboración entre las universidades integrantes del CRUCH. El intercambio de experiencias, la revisión de evidencia nacional e internacional y la reflexión conjunta permitieron reconocer que muchas de las preocupaciones presentes en las distintas instituciones eran compartidas. Si bien cada universidad había desarrollado respuestas acordes con su propia realidad y trayectoria, fue posible identificar preguntas comunes respecto de la manera de fortalecer las políticas de bienestar, articular las distintas unidades institucionales, responder a nuevas exigencias regulatorias y avanzar desde respuestas centradas en la atención de casos hacia estrategias de promoción y prevención.
A medida que avanzó este trabajo surgió la necesidad de sistematizar los aprendizajes acumulados. El informe constituye el resultado de ese proceso colectivo y busca ofrecer un marco de referencia que contribuya al desarrollo de políticas institucionales, integrando antecedentes diagnósticos, fundamentos conceptuales, experiencias desarrolladas por distintas universidades y recomendaciones para la acción.
Uno de los aspectos más valiosos de este proceso fue constatar el potencial del trabajo colaborativo entre instituciones. La posibilidad de compartir experiencias permitió reconocer fortalezas, identificar dificultades comunes y construir aprendizajes que difícilmente habrían surgido desde la experiencia aislada de una sola universidad. En materias tan complejas como la salud mental y la convivencia universitaria, donde las respuestas continúan en permanente construcción, la colaboración entre instituciones constituye un recurso especialmente relevante.
En este sentido, el informe representa un ejercicio de construcción colectiva de conocimiento que pone a disposición de las instituciones un conjunto de aprendizajes elaborados desde la práctica, sustentados en la evidencia disponible y enriquecidos por el diálogo entre las universidades participantes. Éste constituye, probablemente, uno de sus principales aportes y una de las razones por las cuales puede resultar de interés para otras instituciones de educación superior de América Latina.
III. Una mirada integrada sobre la salud mental y la convivencia universitaria
Uno de los aportes de este informe consiste en proponer una comprensión integrada de la salud mental y la convivencia universitaria. Si bien ambos temas han adquirido una creciente relevancia en las instituciones de educación superior, con frecuencia han sido abordados mediante políticas, equipos y estrategias que evolucionaron de manera paralela, con limitados espacios de articulación.
Esta situación responde, en parte, a la forma en que ambos temas se fueron instalando en la agenda universitaria. En materia de salud mental, las instituciones fortalecieron progresivamente sus dispositivos de apoyo psicológico, ampliando la oferta de atención e incorporando acciones de promoción y prevención. Paralelamente, la convivencia universitaria adquirió mayor visibilidad a partir de nuevas exigencias normativas, del aumento de situaciones de violencia y discriminación y de la necesidad de generar ambientes respetuosos e inclusivos para toda la comunidad.
La pandemia del covid-19 trajo desafíos importantes para las interacciones sociales entre los jóvenes una vez que se retornó a la presencialidad. Los conflictos desbordaron los recursos que las universidades tenían para manejarlos. Y, por tanto, no es casualidad que la comisión se creara a mediados de 2022, cuando habían pasado unos meses de vuelta a la presencialidad.
El informe propone avanzar hacia una comprensión distinta de estos desafíos. Más que entender la salud mental y la convivencia como ámbitos separados, plantea que ambas forman parten del bienestar universitario y que resulta necesario abordarlas desde una perspectiva institucional e integrada.
Esta mirada implica reconocer que el bienestar no depende únicamente de factores individuales ni de la disponibilidad de servicios especializados; también se vincula con las condiciones en que se desarrolla la vida universitaria: las relaciones entre quienes integran la comunidad, las oportunidades de participación, las formas de organización académica, los mecanismos de apoyo, la gestión de los conflictos y la existencia de ambientes que favorezcan el respeto, la inclusión y el sentido de pertenencia.
Desde esta perspectiva, la promoción del bienestar deja de ser una tarea radicada exclusivamente en unidades especializadas y pasa a constituir una responsabilidad institucional compartida. Las decisiones académicas, las prácticas docentes, los estilos de liderazgo, las formas de participación estudiantil y los mecanismos de coordinación entre las distintas unidades también contribuyen a generar condiciones que favorecen o dificultan el bienestar de la comunidad universitaria.
Esta forma de comprender el bienestar tiene implicancias relevantes para el diseño de las políticas institucionales. Supone avanzar desde respuestas centradas principalmente en la atención de situaciones individuales hacia estrategias que incorporen la promoción, la prevención y el fortalecimiento de los factores protectores presentes en la vida universitaria. Esto no significa disminuir la importancia de la atención especializada, sino situarla como parte de una política más amplia.
En este contexto, el informe propone fortalecer la articulación entre las distintas iniciativas institucionales vinculadas con salud mental, convivencia, inclusión, equidad de género, acompañamiento estudiantil y desarrollo académico. Más que crear nuevas estructuras, el desafío consiste en construir una visión compartida del bienestar y favorecer una mayor coordinación entre las capacidades ya existentes.
Esta perspectiva atraviesa el conjunto del informe y constituye el marco desde el cual se analizan los principales desafíos que enfrentan actualmente las instituciones de educación superior. A partir de ella, el documento identifica un conjunto de nudos críticos que orientan la reflexión y permiten avanzar desde un diagnóstico de la situación hacia propuestas para fortalecer las políticas institucionales.
IV. Nudos críticos para fortalecer las políticas institucionales
Uno de los aspectos del informe a relevar es la identificación de un conjunto de nudos críticos que las instituciones de educación superior enfrentan al momento de desarrollar políticas de salud mental y convivencia. Estos nudos representan situaciones que condicionan la capacidad de las universidades para avanzar hacia políticas institucionales más articuladas y sostenibles.
Su identificación surge de la revisión de evidencia nacional e internacional, del análisis de la experiencia acumulada por las universidades del CRUCH y del trabajo desarrollado por la Comisión durante más de dos años. Aunque las instituciones presentan realidades y trayectorias diversas, fue posible reconocer desafíos que aparecen de manera recurrente y que trascienden las particularidades de cada universidad.
Más que ofrecer respuestas únicas, el informe propone orientar la reflexión institucional respecto de aquellos ámbitos que requieren especial atención para fortalecer el bienestar y la convivencia universitaria. Los nudos críticos constituyen, en este sentido, una invitación a revisar las políticas existentes, identificar oportunidades de mejora y avanzar hacia respuestas más integradas.
Articulación de políticas y marcos institucionales
Uno de los nudos críticos identificados tiene relación con la coexistencia de múltiples políticas, normativas y dispositivos institucionales vinculados al bienestar. Durante los últimos años, las universidades han debido responder a nuevas exigencias legales y regulatorias, fortaleciendo áreas relacionadas con salud mental, convivencia, inclusión, equidad de género, discapacidad, acompañamiento estudiantil y prevención de distintas formas de violencia.
Este proceso representa un avance significativo para las instituciones. Sin embargo, también ha generado, en algunos casos, respuestas fragmentadas, superposición de funciones y dificultades de coordinación entre las distintas unidades responsables.
El informe plantea que uno de los principales desafíos consiste en fortalecer la articulación entre estas políticas, favoreciendo una comprensión compartida del bienestar universitario y una mayor coordinación institucional. Ello no supone homogeneizar funciones ni diluir las especificidades de cada ámbito, sino generar mecanismos que permitan desarrollar acciones complementarias y coherentes con los propósitos institucionales.
Desde esta perspectiva, el bienestar y la convivencia dejan de ser responsabilidad exclusiva de determinadas unidades y pasan a constituir un desafío transversal para la institución en su conjunto.
Flexibilidad de las trayectorias académicas
Un segundo nudo crítico se relaciona con la necesidad de reconocer la diversidad de trayectorias presentes en la educación superior. Las universidades reciben hoy estudiantes con experiencias, condiciones de vida y necesidades muy distintas a las de décadas anteriores. Compatibilizar estudios con trabajo remunerado, asumir responsabilidades de cuidado, enfrentar situaciones de discapacidad o atravesar problemas de salud mental son realidades que forman parte de la experiencia de un número creciente de estudiantes.
Este escenario plantea la necesidad de revisar estructuras académicas diseñadas para trayectorias más homogéneas. El informe propone avanzar hacia políticas que permitan responder con mayor flexibilidad a estas situaciones, fortaleciendo mecanismos de acompañamiento y estableciendo criterios institucionales que favorezcan trayectorias académicas diversas sin afectar los estándares formativos.
La flexibilidad, entendida desde esta perspectiva, no implica disminuir las exigencias académicas. Por el contrario, busca generar condiciones que permitan compatibilizar la excelencia con el reconocimiento de la diversidad de experiencias presentes en las comunidades universitarias.
Gestión positiva del conflicto
La convivencia universitaria supone la interacción cotidiana entre personas, grupos e intereses diversos. En este contexto, el conflicto forma parte de la vida universitaria y no constituye, por sí mismo, un problema. El desafío radica en la manera en que las instituciones generan condiciones para abordarlo.
El informe propone avanzar desde enfoques centrados exclusivamente en la respuesta disciplinaria hacia estrategias que incorporen mecanismos adecuados para la gestión de conflictos, junto con otras herramientas orientadas a fortalecer el diálogo, la prevención y la reparación de las relaciones cuando ello resulta pertinente.
Esta perspectiva no sustituye los procedimientos formales establecidos para aquellas situaciones que requieren investigación y sanción. Más bien, reconoce que existen conflictos cuya gestión temprana puede contribuir a prevenir su escalamiento, fortalecer la confianza entre quienes integran la comunidad universitaria y favorecer soluciones más sostenibles.
Incorporar mecanismos colaborativos de resolución de conflictos implica, en este contexto, una oportunidad para fortalecer las políticas de convivencia y contribuir al desarrollo de comunidades capaces de enfrentar sus diferencias mediante el diálogo y la corresponsabilidad.
Participación y vida universitaria
Otro de los desafíos identificados se relaciona con las transformaciones que han experimentado las formas de participación en las comunidades universitarias. Si bien en muchas instituciones se observa una disminución de algunas formas tradicionales de representación, al mismo tiempo han surgido nuevas modalidades de organización en torno a intereses, identidades y problemáticas específicas.
Este escenario invita a revisar los mecanismos de participación existentes y a generar espacios que favorezcan el diálogo entre los distintos estamentos de la comunidad universitaria. La participación constituye un componente de la experiencia universitaria y un factor que contribuye al sentido de pertenencia, al compromiso con la institución y a la construcción de comunidades más cohesionadas.
Articulación con las redes de salud
Las universidades han fortalecido de manera significativa sus dispositivos de apoyo en salud mental. Sin embargo, el aumento de la demanda y la complejidad de algunas situaciones hacen necesario reconocer los límites propios del rol que corresponde desempeñar a las instituciones de educación superior.
El informe plantea la necesidad de fortalecer la articulación con el sistema de salud, favoreciendo mecanismos de derivación, coordinación y seguimiento que permitan asegurar la continuidad de la atención cuando resulta necesaria. Esta articulación constituye una condición relevante para que las universidades puedan concentrar sus esfuerzos en aquellas funciones que forman parte de su misión institucional, manteniendo una adecuada coordinación con los dispositivos especializados.
Desarrollo de conocimiento y evaluación de las políticas institucionales
Finalmente, el informe destaca la importancia de fortalecer la producción de conocimiento sobre salud mental y convivencia en la educación superior. Aunque durante los últimos años las universidades han impulsado múltiples iniciativas, continúa existiendo un desafío importante en materia de evaluación, sistematización e investigación aplicada.
Contar con evidencia sobre el impacto de las políticas implementadas permite orientar la toma de decisiones, identificar buenas prácticas y favorecer procesos de mejora continua. Del mismo modo, el intercambio de experiencias entre instituciones representa una oportunidad para consolidar un campo de conocimiento que continúa desarrollándose y que requiere del aporte conjunto de las universidades de la región.
V. Aprendizajes para las instituciones de educación superior
La experiencia desarrollada por la Comisión permite extraer algunos aprendizajes que pueden resultar de interés para otras instituciones de educación superior de América Latina.
Un primer aprendizaje es que los dispositivos especializados de atención constituyen un componente necesario de la respuesta institucional, pero resultan insuficientes cuando no forman parte de una política más amplia de promoción del bienestar. En este sentido, el desafío consiste en avanzar desde respuestas reactivas hacia enfoques que incorporen la prevención, la promoción y el fortalecimiento de los factores protectores presentes en la vida universitaria.
Un segundo aprendizaje es la necesidad de avanzar hacia políticas institucionales integradas. Las universidades han desarrollado en paralelo múltiples iniciativas vinculadas con salud mental, convivencia, inclusión, equidad de género, acompañamiento estudiantil y desarrollo académico. Articular estos ámbitos, más que multiplicarlos, es hoy uno de los desafíos centrales.
También, el trabajo de la Comisión confirmó el valor estratégico del intercambio entre instituciones. En un escenario en que muchas universidades de América Latina enfrentan problemas similares, compartir aprendizajes constituye una oportunidad para construir respuestas colaborativas y enriquecer, así. el desarrollo de políticas públicas en la educación superior.
Finalmente, cabe recordar que las condiciones en que se desarrolla la vida universitaria, las relaciones entre quienes integran la comunidad, las oportunidades de participación, la organización académica, la gestión de los conflictos y las decisiones institucionales, inciden directamente en el bienestar de estudiantes, académicas y académicos, y funcionarios. Por tanto, constituyen un ámbito de responsabilidad para toda la institución.
VI. Consideraciones finales
Durante los últimos años, la salud mental y la convivencia universitaria han adquirido un lugar cada vez más relevante en la agenda de las instituciones de educación superior. Esto ha impulsado el desarrollo de nuevas políticas, programas y estrategias de apoyo, y al mismo tiempo ha puesto de manifiesto la necesidad de avanzar hacia enfoques más integrados.
El informe elaborado por la Comisión de Convivencia Universitaria y Salud Mental del CRUCH constituye una contribución en esa dirección. Más que ofrecer respuestas únicas, propone un marco para comprender estos desafíos, sistematiza aprendizajes desarrollados por las universidades chilenas e identifica ámbitos prioritarios para fortalecer las políticas institucionales.
Aunque surge desde la experiencia del sistema universitario chileno, muchos de los desafíos abordados son compartidos por instituciones de educación superior de otros países de América Latina. Por esta razón, la difusión del informe y la reflexión que propone pueden contribuir al intercambio de experiencias y al fortalecimiento de las capacidades institucionales de las universidades de la región.
Más que constituir un punto de llegada, este informe representa una invitación a continuar desarrollando conocimiento, compartir experiencias y seguir construyendo comunidades universitarias capaces de promover el bienestar, fortalecer la convivencia y contribuir a una formación integral de quienes forman parte de ellas.
Con el propósito de favorecer su difusión y utilización por parte de otras instituciones de educación superior, el informe completo se encuentra disponible en el siguiente enlace: https://consejoderectores.cl/wp-content/uploads/2025/06/Bienestar-Universitario-v9-1.pdf
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